GENEALOGIA DE LOS MODORROS

PARA que más fácilmente se pueda tratar desta materia y darse mejor á entender, será necesario saber qué quiere decir genealogía, y de qué partes es compuesto, y qué quiere decir modorro. Es pues de saber que este vocablo genealogía está compuesto de dos nombres, el uno latino, y el otro griego; el latino es genus, que quiere decir en nuestro romance castellano, linaje, y el griego es logos, que quiere decir serno; y de ahí vino á decirse genealogía, que quiere decir declaración de linaje. Ahora resta de saber qué quiere decir modorro, y cuántas maneras de necios hay, y en qué concuerdan, y en qué difieren, para saber de dónde tuvo principio la necedad. Es pues de saber que hay diferencias de personas deste humor; los unos se llaman necios, los otros majaderos ó mazacotes, los otros modorros. En lo que estas tres personas concuerdan es en saber poco; en lo que difieren es en la significación de los nombres. La primera persona, que es necio, es el hombre que es menester tratalle para entender dél lo que sabe, y meterle en algunas cosas delgadas para que descubra lo que sabe; porque al primer toque no se puede percibir de los semejantes lo que son. La segunda persona, que es majadero ó mazacote, es más clara de conocer, porque majadero ó mazacote se llama el hombre que no ha comenzado bien á hablar, cuando nos da á entender lo que es en las palabras que dice. La tercera persona, que es modorro, es tan fácil de conocer, que no es menester hablalle, sino poner los ojos en él y en su traje y talle para conocelle; y este último es el peor humor de todos. Sabido pues qué es genealogía y qué es modorro,—querrá decir genealogía de los modorros, declaración de la descendencia y origen de los que poco saben; por donde se dará á entender de dónde tuvo principio la necedad, y qué hijos y descendientes tuvo. El primero deste linaje fué el Tiempo bastardo y perdido: este fué el que instituyó y fundó el mayorazgo y el que ganó el blasón deste apellido. Con tal cabeza podéis conocer los miembros cuáles fuéron, especialmente teniendo obligación de guardar las condiciones á que el tal fundador les obligó. Las cuales fuéron tan fáciles de cumplir, que no solamente fuéron cumplidas aquellas á que estaban obligados, pero aun mucho más, como se verá por el discurso desta historia. Los cuales, aunque no hicieran más de lo que les estaba mandado, fueran harto perdidos, porque el fundador les mandó que el que sucediese en sus bienes los pudiese vender, trocar, cambiar, enajenar, perder, jugar y hacer dellos todo lo que más útil fuese para que más fácilmente se gastasen en cosas que costasen mucho y valiesen poco, durasen poco y pareciesen bien, y que ninguno tomase parecer de nadie aunque le hubiese menester mucho, y que nunca le diese pena deber muchos dineros, aunque no tuviese de qué los pagar, y otras cosas ansí semejantes. Y porque parece que nos hemos divertido en cosas que por ventura no dan gusto á vuesa señoría, volvamos al Tiempo perdido, que fué el principio de nuestro tema, el cual fué casado con la Ignorancia, en lo cual se nos da á entender cómo los que tienen en poco la pérdida del tiempo es por falta de la consideración, y así los hijos que deste matrimonio salen son palabras vanas, que aprovechan poco y dañan mucho, pues con decir pensé que, dan á entender á muchos lo que saben pocos.

Dice más el autor, que «la Juventud moza fué casada con el Pecado» lo cual es fácil de entender; y aunque en decir juventud podia excusar decir moza, por exagerar el brio de la Juventud quiso dalle ese epíteto, como quien llama á la nieve blanca, no pudiendo ser de otro color. Y volviendo á nuestro propósito, digo que por la mayor parte, todos los mozos, pensando que tienen la vida por muchos dias, métense en ese miserable cáos sin rienda, y ninguna cosa aman más que á él: lo cual hacen por tener poca experiencia para gobernarse, y porque ninguna cosa ellos desean más que la libertad, y esta tienen todos los que siguen el pecado, y por la mayor parte los que la siguen son los mozos.

Dice el autor que la Juventud moza fué casada con el Pecado; dice más el texto, «y tuvieron tres hijos que son No sabía, No pensaba, No miraba; bien parecen hijos de un padre y de una madre, pues así en el nombre como en la condicion se parecieron tanto los unos á los otros, como aquí se ve claramente.» Quiere pues darnos á entender el autor en figura destos tres hijos de la juventud, que los mozos cuando pretenden hacer alguna cosa, se siguen por su parecer y apetito, y rigiéndose por su voluntad, no consideran lo pasado, que es el no sabía; no atienden lo porvenir, que es el no pensaba; ni ven lo presente, que es el no miraba.

Dice más adelante el autor que «estos tres hijos de la Juventud se casaron sin licencia de sus padres, y hubieron por hijos á Bien está, tiempo hay, Mañana se hará». Casarse sin licencia de sus padres no es otra cosa sino no aprovecharse en las cosas que los hombres mozos desde tiempo hacen, del uso de la razón de la cual nos habiamos de arrear mejor que de ninguna joya del mundo, y sin ella no habríamos libertad para nada. Y el no usar deste uso de la razón hace á los hombres engendrar hijos que les valdría más no haber nacido que tenellos; porque el hijo mayor, que se llama Tiempo hay, no es otra cosa sino dilatar todas las obras virtuosas con buenos deseos para la vejez; y el Bien está es cuando un buen cristiano quiere aconsejar al que no lo es que se enmiende, y lo convence con razones, el cual responde al que se las dice: «Bien está;» y si tras esto le importunan más, ciérrase, diciendo: «Mañana se hará.»

Dice más el texto: «este Tiempo hay fué casado con su hija No pensaba, y tuvieron por hijos á la Necedad y á Qué me dirán? Descuidéme, Ya meto sé.» Ninguna cosa me espanta más que una persona como el tiempo (á quien los filósofos que algo entienden dan el renombre de sabio, y aun dicen algunos que á ninguno le compete con más razón este título) verle casado con una mujer necia, como No pensaba-, pero quien yerra, y en lo que toca á su alma, no le pida nadie que acierte en lo demás, porque al fin lo contrario es la verdadera discreción. El primer hijo que tuvieron fué la Necedad: de hombre tan inconsiderado en casarse y de una mujer tan poco avisada, ¿qué pudo salir sino necedad? El segundo hijo que tuvieron fué Qué me dirán? Esto es claro: cuando en algún pueblo principal se quiere hacer alguna fiesta ó regocijo, y algún caballero está tan empeñado, que no tiene de donde haber un real sin que venda su hacienda ó lo tome á cambio, dícele su mujer ó su pariente ó su amigo: « Señor, no lo hagais; mirad que os perderéis si os deshaceis de lo que teneis, porque estáis muy gastado;» y lo que responde á los que de sus propósitos le disuaden: «Eso, señor, no cumple con mi honra. Si no salgo allá, si no gasto como los otros, ¿qué me dirán?» De manera que tienen más escrúpulo de fama que de conciencia. El tercero hijo quel Tiempo hay tuvo fué Descuidóme, el cual viene tras Qué me dirán? Porque despues que uno en una fiesta como la pasada determina de agradar al mundo y agraviarse á sí, echa menos lo que ha gastado, y le vuelven á referir el yerro que ha hecho en gastar lo que gastó, parécele que da muy bastante disculpa con decir: « Descuidóme;» y cuando le aquejan más y le dan á entender la poca experiencia que tiene de las cosas, lo que responde es: «No me digáis nada, no me déis consejo; que ya me lo se. »

Dice más el autor, que « esta Necedad fué casada con Quizá, y tuvieron tres hijos: á la Vanidad, á Quizá si el chico, á Quizá si el grande». Casarse la Necedad con Quizá no es otra cosa sino abrazarse algunas personas con pensamientos que tienen más apariencia de vanos que de ciertos: con decir que el Rey me dará de comer, al Duque tengo de mi mano, favor tengo harto. Y el que eso dice no mira el poco merecimiento que tiene, y cómo no tiene vaso donde quepa un cargo como el que pretende; y así le sucede todo como hombre incogitado, y los hijos que destos pensamientos vanos salen, son vanidad. Hay otros que sin rienda gastan lo que tienen con decir: «No ha de faltar; que si el chico muere yo tendré de comer, y si no, el grande es mi deudo, no me lo podrá dejar de dar;» y todo pára en quizá. De manera que están muy contentos de sí con estas esperanzas inciertas. Decir «quizá si el chico, quizá si el grande» hallarán fácil el consuelo para sí, el cual otros que entienden más que ellos lo tendrian por dificultoso de hallar para nadie.

Va adelante el autor diciendo: «Esta Vanidad fué casada con su tio Descuídeme, y tuvieron por hijos Aunque no queráis, y á Galas quiero.» Y en esto nos da á entender el autor la libertad que algunas mujeres tienen con sus maridos en la veneración que son obligadas; pero yo no quiero tratar aquí de las semejantes, sino de aquellas que quieren gobernar á sus maridos no teniendo capacidad para gobernarse á sí. Las cuales son tan porfiadas en su necedad y en todo cuanto dicen y hacen, que aunque sus maridos les traigan mayores y más eficaces razones que podia traerles Aristóteles ó Platón, para estorbarles de hacer lo que pretenden, son tan poco bastantes para ellas, que es lo mejor no les decir ninguna; y si el pobre del marido viene á decir á su mujer, cansado de dar voces y de oirías: «No quiero que hagais eso;» ha ya venido el mundo á tal extremo que les vienen á decir en sus ojos, aunque no queráis. Pues, ¿si algún marido topa con alguna mujer galana de corazon? Allí es el trabajo, allí son los malos manteles, allí es el rezongar y andar rostrituerta, si no le matan aquella sed insaciable que tiene de vestidos para vestirse, y de tocados para tocarse, de joyas para echar de verse; á lo cual, si el marido no corresponde conforme al apetito de su mujer, no hay pertrecho ni tiro de artillería que suelte con más furia ni con más presteza que la mujer en tal tiempo suelta la lengua. Y si el marido le dice que está en necesidad, respóndele la mujer: Galas quiero; si la dice el marido que tiene muchos hijos, respóndele la mujer: Galas quiero; y no hay predicador ninguno, por recogido que ande en su sermón, que tantas veces vuelva al tema como ella. Y así acontece muchas veces medirla su marido la cabeza á puños, y las espaldas á varas, y despues venir él á tal término con ella, que como no la puede acallar con palabras, la viene á acallar como á los niños, con un brinquiño ó con una gala: y seríales harto mejor criar sus hijos, mirar por su casa y gobernar su familia, que no tratar de gastos á sus maridos por cosas que se podían excusar.

Dice más adelante el autor: «el Desastre fué casado con No faltará, y tuvieron por hijos á la Desdicha y á la Necedad-, y al Desastre habrá venido por los sucesores del fundador.» Pero con todo eso, ninguno dellos se podrá persuadir á creer que le habia de faltar qué gastar; y así el Desastre, padre del último poseedor, vino á casarse con No faltará; y como la esperanza estribaba sobre tan mal cimiento, vinieron á haber por hijos á la Desdicha y á la Necedad, los cuales dieron cabo de sus padres. Esto acontece agora cada dia en nuestros tiempos, que ha crecido tanto la locura y vanidad del mundo, que no hay hombre, aunque no tenga sino una espada y una capa, que no quiera que ande su hijo como hijo de caballero y de señor; y los pecadores de los padres que tal hacen yerran claramente, porque mejor les seria criar sus hijos y dotrinalles y hacelles trabajar y entender en oficios virtuosos donde pudiesen aprovecharse, que no en consentilles con su pluma en la gorra y su espada en el lado, la contera en la cabeza, el seso en el calcañar. Los que no quisieren creer lo que digo, tomen lo que ganaren en hacer lo contrario, porque de hacello se vendrá á verificar en ellos lo que dice el autor, y podríanles decir con mucha razón que sus hijos son su desdicha y su necedad.

Dice más el autor que «esta Desdicha y Necedad se casaron con dispensación». Esta dispensación, aunque era entre personas de tanto deudo, se alcanzó fácilmente, por parecelles á los que la dieron que pues la Desdicha y la Necedad eran de una profesion y de una condicion, que les dicen verdad, ó «bueno está eso», ó «qué le va á él», como si cualquier hombre del mundo no estuviese obligado á desengañar á su prójimo viéndole ir errado. Mas hay tanta perdición ya en él, que los más perdidos no quieren admitir consejo de nadie; ántes, no le teniendo para sí, le quieren ellos dar á otros, diciendo: «Paréceme á mí;» aunque si esta palabra pasase un poco más adelante, seria virtud diciendo: «Paréceme á mí que voy errado.» Pero es todo muy al reves, porque hay muy pocos que conozcan su yerro, y muy pocos que se atrevan á reprehender á nadie, y si se atreven una vez, no se atreven dos, porque las respuestas que les dan son dediles: «Déjese deso, no es posible, no me diga más;» y como son tan desabridas, no hay ninguno que las quiera oir otra vez.; Pues cuando un hombre se determina de perder el temor á Dios y la vergüenza á las gentes? Allí es la lástima de velle endurecido y obstinado en su error, y ver el mal rostro que pone á todos los que le dicen lo que le cumple. Hay otros hombres tan llenos de cólera, que por lo menos les parece que hacen honra de la vida á todos aquellos con quien tratan: á estos, pocos se hallarían de su condicion, que serian para en uno, aunque entendieran que habian de venir á morir de hambre; pero parecióles menos inconveniente para tener una casa que no en dos.

«Los cuales hubieron por hijos á Bueno está eso, Qué le va á él, Paréceme á mi, Déjese deso, No es posible, No me diga más, Una muerte debo á Dios, Salir tengo con la mia, Pilo se dirá, Verlo heis, A voluntad determinada excusado es consejo, Aunque no queráis, No son lanzadas, que dineros son, Galas quiero.» Todos los hombres que tienen poca cuenta con lo que les cumple así á su conciencia como á su descanso, les acontece, como á la desdicha y á la necedad, que si les dicen algo (procurándole apartalles del camino por donde seguian, y poniéndoles los inconvenientes delante), no pueden persuadirse á creer que se atrevan á aconsejarlos; porque aunque les pongan delante el peligro que traen de perder la vida, muéstranse tan denodados los que tan semejante condicion tienen, que no pueden persuadirse á decir otra cosa, sino: «Una muerte debo á Dios, salir tengo con la mia.» Hay otros de otro humor, que tienen alguna flema y escuchan una razón y otra de aquellos que les aconsejan que se desvíen del ruin propósito donde se inclinan; pero no creen nada de lo que les dicen; ántes piensan que ellos solos son los que aciertan, y que es grande magnificencia gastar sin orden lo que tienen, y por este camino han de ser tenidos en mayor veneración y por de más suerte y de más hacienda. Y así dice á sus consejeros: «Ello se dirá, verlo heis como, si más claramente veréis mis propósitos si salen vanos, veréis mis fines si van bien enderezados;» y no está tan léjos el plazo, adonde los remiten que muy brevemente no le puedan ver; sino que los tristes piensan que no ha de llegar: y como están tan ciegos en lo que hacen y en lo que dicen, aunque tienen el fin y el remate de sus propósitos delante de los ojos, no lo ven. ¿Pues algunas mujeres de nuestros tiempos? No hay menos que decir de las que de los hombres: digo de algunas; que otras hay de quien muchos podrian tomar consejo y mirarse en ellas. Pero yo ni he tratado ni trato aquí de las semejantes, sino de las que tienen necesidad de consejo ajeno, por ser tan malo el suyo. Guárdele Dios á un hombre de topar con una mujer que tenga libertad y sea amiga della; que por cuerdo que sea, y aunque lo sea y aunque lo fuese tanto como Salomon, no seria bastante para rendir y sujetar á una mujer, si ella de su propia inclinación y virtud no lo quiere hacer: porque son de tal condicion las mujeres, que aunque son variables por la mayor parte en las cosas que dicen y hacen, si toman un tema, no es bastante, sí solo Dios, á aquietallas; y están más pertinaces en ello que ningún hombre del mundo lo podrá estar, por animoso y fuerte que sea en cosa donde sea menester constancia. Y ni aprovecha atemorizallas, ni amenazallas, ni poner las manos en ellas; ántes entonces se endurecen más, y á trueque de salir con la suya, están determinadas de sufrir mil martirios ántes que desistir de lo que tienen comenzado. Y aunque toda la inmensidad de gente sea á dediles su parecer, están tan sordas las que semejante condicion tienen, que ni tienen oidos para oír, ni ojos para ver, ni entendimiento para entender lo que les dicen; y así se podrá decir por ellas: A voluntad determinada, excusado es consejo. Y es así, que verdaderamente ni consejos ni razones no bastan á poner en razón una mujer cuando se determina á decir: Aunque no queráis.

Pero dejemos eso, y tratemos de algunos hombres que tratan de casarse en nuestros tiempos, á los cuales veréis ántes de llegar á ese punto, determinados diciendo: «No me tengo de casar si no me dan mucho dote; la mujer que yo tomare me ha de sacar de necesidad» (y quien aquello le oyere decir tendrále por hombre que mira con cordura las cosas que le tocan); llegando el punto en que se casa con el dote que esperaba, distribuir la mayor parte en galas para su mujer. Y aunque ella sería parte para estorbarle algunos gastos, no lo hace; ántes le persuade que haga más; y parécele al marido que si no lo hace ansí, que no cumple con su honra ni le tendrán por hombre generoso. Así que si mucho dote hubo con su mujer, á mucho se obligó. Tras esto vienen los consejos de los amigos y de los parientes, los cuales dicen al recien casado: «Señor, mirad que hay mañana, mirad lo que gastais, mirad que despues lo echaréis ménos;» á lo cual responde: No son lanzadas, que dineros son; como si hubiese en el mundo lanzada que más lastime que la del dinero. Cuando el dote esté acabado me lo dirán; cuando las joyas sepan las casas y calles del lugar mejor que sus dueños, lo verán; entonces sentirán la llaga y no podrán remediar la herida.

Hay también algunas mujeres que ponen toda su felicidad en traerse y aderezarse, y paréceles que si dejan algún dia de andar hechas mayas, andan á la vergüenza. Por estas se podia decir:

Sus arreos son tocarse,

Su descanso ataviarse.

Y llega ya esto á tal extremo, que con ser las mujeres de su propia inclinación amigas de andar y de ir á holgarse, si alguna llama á otra para ir á alguna estación ó romería, si no está muy á punto para salir de casa, fuerza su mesma inclinación y tiene por mejor quedarse que no salir sin aderezarse, puesto que no desea otra cosa más que salir á ver y á ser vista: pues, como tengo dicho, no tienen otro fin estas tales sino traerse y aderezarse, y están tan aficionadas á esto y tan embebecidas en no gastar el tiempo en otra cosa; y les parece que si en otras se ocupan diferentes desta, que le han gastado muy mal. Y no ha de ser nadie para decirles su parecer, y al que se lo dice, le tienen por enemigo, y toman con él tanto odio como si les hubiese hecho una muy grande afrenta; y las Ave-Marías que hallarán en las bocas de las tales son: Galas quiero. Y así se huelgan cuando les alaban mucho sus galas y las hechuras de sus vestidos. Y ansí aconsejo á todos los que quisieren probar con ellas, alaben mucho lo que traen y la gracia con que lo ponen; porque esto es lo que quieren y lo que desean.

Dice más adelante el texto, «estos hijos faltaron á Galas quiero y á la Necedad» no es otra cosa sino echar ménos los consejos cuando se acaban los dineros. Dice más la letra: «Y gastaron su patrimonio.» Dijo el uno al otro: «Tened paciencia, que á censo tomarémos; dineros no han de faltar, seguirémos nuestro oficio;» y ansí lo hicieron. Y acabado el año, como no hubiese de qué pagar el censo que tomaron, lleváronlos á la cárcel.»—Esto todo es declaración de la figura y cifra pasada, porque todos los disparates de que arriba se hace mención, vienen á parar en esto; y porque cuando un hombre ha gastado lo que tiene y lo que no tiene, desesperado de verse pobre y que no tiene de dónde lo haber, determina de vender su hacienda. Vendida su hacienda, vuélvese el marido á su mujer y dícele: «Pues no tenemos qué comer y no me habéis dado ménos ocasion de la que yo he tomado, gastaldo; tomémoslo á censo que no faltará quien nos lo dé.» Hecho ansí y llegado el término de la paga del censo, falta de qué pagar; y aunque algunos pueden, cuando llegan á este punto, ausentarse de sus casas y pueblos, como están criados á par del hogar, como gatos mansos, háceseles dificultoso el salir de cabe las faldas de sus mujeres, y así á estos por la mayor parte les acontece venir á prendellos la justicia dentro de sus casas cuando les parece que más descuidados están en ellas.

Dice más adelante el autor: «Puestos en la cárcel, fuéron visitados por Dios hará merced». Esto es cosa muy cierta: cuando un hombre está preso y cuenta sus cuentas á sus amigos que le van á ver y le dan ruines esperanzas de su libertad, consuélase él diciendo: «Dios hará merced.»

Dice más la letra: «La Pobreza llevólos al hospital, donde murieron.» Esto por nuestros pecados será visto en nuestros tiempos, que han venido hombres que tenian bien lo que habian menester (por no saber regirse y gobernarse y por no saber considerar que tras un dia viene otro), á perderse de manera, que puestos en la cárcel por deudas, han llegado á tanta pobreza, que sus acreedores han consentido que los suelten; y salidos de la cárcel, salen tales, que de compasion los llevan al hospital, donde acaban.

Dice más adelante el autor: «La autoridad de Galas quiero y No miré en ello, fuéronse al infierno con su abuela la Necedad.» Lo cual yo no tengo por dificultoso, porque un hombre que desde que tuvo uso de razón, á rienda suelta se metió en los vicios y pecados del mundo, en breve tiempo mal puede arrepentirse dellos; porque cuando á alguno de los semejantes le llevan al hospital, va ya tan al cabo, que nunca va por su pié, y parece que entonces le dejan ya los pecados á él, y no él á los pecados. Y habiendo durado y permanecido en ellos toda su vida, muy gran contrición y arrepentimiento ha menester para salvarse; y porque esta sea con tanta dificultad, dice el autor que la autoridad de Galas quiero y No miré en ello, se fuéron al infierno con su bisabuela la Necedad; lo cual no tiene necesidad de glosa, porque estas palabras son su declaración y glosa de todo lo que se ha dicho arriba.

Y considerado lo pasado y el principio, discurso y fin desta obra, cualquier hombre de entendimiento podrá tomar aviso en ello y mirar por sí; no le acontezca, por ser inconsiderado, lo que aconteció á los desta genealogía, que vinieron á dar ruin cobro de sí en esta vida, y muy peor en la otra: de manera que este ejemplo sea parte para sacar al malo de su ruin costumbre, para que ande camino derecho y dé espuelas al bueno para que siga su jornada, y pase más adelante en la virtud ó buen propósito. Amén, etc.

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